El huracán Milton ha impactado la costa oeste de Florida, alcanzando vientos de hasta 290 km/h, lo que refleja una realidad alarmante, ya que los huracanes extremadamente intensos ya no son tormentas del siglo, ni anomalías, sino parte de un nuevo patrón causado por el cambio climático. Y de acuerdo con los expertos, mientras el calentamiento global siga avanzando, los ciclones tropicales se volverán más destructivos y se llevarán la vida de muchas personas en su camino.
A pesar de los riesgos, muchos residentes estadounidenses, así como el gobierno federal, no toman medidas suficientes para protegerse. En muchas áreas costeras del país el seguro contra inundaciones sigue siendo una opción para la población, mientras que se siguen construyendo casas en zonas vulnerables a las tormentas. Además, el sistema actual de recuperación contra desastres no es suficiente, y las tormentas como Milton son la prueba de que urgen nuevas políticas y preparación.
Los expertos advirtieron que el calentamiento de los océanos prolongará la duración de los ciclones y los hará moverse más lento, lo que traerá un impacto más devastador. También mencionan que actualmente las tormentas están descargando cantidades masivas de agua, lo que provocará que el nivel del mar suba y las inundaciones empeoren.
Algunos estudios predicen que habrá un incremento de 20 % en huracanes importante para finales de siglo, por lo que es importante que tanto los ciudadanos como el gobierno de Estados Unidos enfrenten esta nueva realidad y tomen medidas para mitigar los daños antes de que sea demasiado tarde.
Es probable que después de la temporada de huracanes este año, tanto los medios como el gobierno tengan amnesia colectiva y se olviden de estas tormentas y las víctimas que se llevó. Además, muchos propietarios que por diferentes razones no pudieron pagar o no añadieron un seguro contra inundaciones tendrán que empezar sin nada.
Hace tan solo dos semanas, Estados Unidos fue arrasado por el huracán Helene, que dejó más de 230 muertos en su paso y causó daños por 250,000 millones de dólares. Sin embargo, el gobierno decidió simplemente limpiar el caos y no invertir en diques, represas, corredores de evacuación, ni códigos de construcción actualizados que sirvan para mitigar estos desastres.