Puebla capital, una ciudad asediada por los vándalos

Puebla capital, una ciudad asediada por los vándalos

Foto: Enfoque

Por enésima vez en los últimos años, una escultura ubicada en el Centro Histórico fue vandalizada; en esta ocasión, la figura de la escritora Elena Garro apareció mutilada, sin una mano y sin el libro que sostenía.

 

Este incidente refleja un patrón recurrente en la ciudad, pero ¿por qué son tan comunes estos robos y vandalismos a estatuas, independientemente de la nula seguridad que brinda el Gobierno municipal?

 

Estos actos son frecuentes por razones principalmente económicas y de oportunidad, la mayoría de las esculturas afectadas son de bronce, un metal que se vende fácilmente en el mercado negro de fierro viejo o reciclaje. Piezas pequeñas como manos, libros, instrumentos, pipas, lentes o placas son fáciles de desprender con herramientas básicas y transportar sin llamar mucho la atención.

 

Los delincuentes obtienen ganancias rápidas, aunque modestas, al vender el bronce como chatarra, y en un contexto de inseguridad y debilidad en la vigilancia, el patrimonio público se convierte en blanco fácil.

 

¿Sirve de algo a los delincuentes? 

 

Económicamente sí, porque el bronce se vende como material reciclable, aunque el valor artístico y cultural de las piezas es mucho mayor que el metal en sí. Además, no hay un mercado para vender las esculturas completas como arte robado, a diferencia de obras pictóricas, por lo que se mutilan para extraer el metal.
 

Desafortunadamente, el corredor de la calle 5 de Mayo, donde se instalaron ocho esculturas de personajes poblanos, se ha convertido en uno de los puntos más golpeados por el vandalismo en el Centro Histórico.

 

A esta zona se suman otros espacios emblemáticos que, en los últimos años, han registrado robos, mutilaciones y daños constantes a monumentos y esculturas públicas, evidenciando la falta de vigilancia y políticas deficientes de protección al patrimonio urbano.

 

Uno de estos casos más emblemáticos es el de la figura de Pedro Ángel Palou, quien ha sido blanco de ataques recurrentes. En 2022, se reportó el robo de su pipa y la placa del libro, mientras que en junio de 2025 se registró nuevamente el robo de una mano y del libro que sostenía, esta es la tercera vez que se documentan daños a esta escultura desde su instalación.

 

Entre diciembre de 2024 y enero de 2025, la escultura de Hugo Leicht Meyer también fue afectada, con el robo del libro que formaba parte de la pieza. Un patrón similar se observó desde 2022 en la escultura del periodista Javier López Díaz, a la que le sustrajeron los lentes y le causaron daños en uno de los pies.

 

El vandalismo no se ha limitado al corredor de 5 de Mayo. En mayo de 2022, la escultura conocida como “El Marmolejo”, un mariachi ubicado en el Parque Santa Inés, fue despojada de su trompeta. De igual forma, la escultura de Amy Camacho sufrió el robo de la mariposa que formaba parte de su cinturón poco tiempo después de su instalación en 2022.

 

 

En la zona del Parián, la figura de Fray Sebastián de Aparicio ha sido una de las más castigadas, pues en enero de 2025 volvió a ser mutilada de las manos, un hecho que ya se había registrado en 2017. Además, hay el antecedente de una decapitación reportada alrededor de 2016, lo que refleja un historial prolongado de agresiones a esta pieza.

 

Otro caso recurrente es el de la instalación “Las Alas que Abrazan”, ubicada en la calle 6 Oriente, conocida como la Calle de los Dulces. En 2023 las alas fueron desprendidas y abandonadas, mientras que entre 2024 y 2025 tuvieron que ser retiradas completamente debido a los constantes actos de vandalismo.

 

Fuera del Centro Histórico, en septiembre de 2024, el Monumento a los Rotarios, localizado en el bulevar Hermanos Serdán, registró la mutilación de brazos y piernas de varias de sus figuras. A estos hechos se suman otros casos recientes, como el robo del globo terráqueo y la placa del monumento “Mujer, fuerza que mueve al mundo” en enero de 2025, así como los daños recurrentes que ha sufrido la escultura de Natalia Serdán.

 

Este recuento evidencia que el vandalismo contra esculturas y monumentos en Puebla no es un fenómeno aislado, sino un problema sistemático que se ha incrementado en el último año y que sigue sin una respuesta efectiva por parte de las autoridades responsables de la conservación del patrimonio público.

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