El tradicional “perro amarillo” o mestizo color miel, común en calles, colonias y mercados del país, fue reconocido oficialmente como “perro caramelo” por la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México, que lo incluyó en su lista de razas representativas de México.
Este reconocimiento lo coloca junto a tres referentes caninos del país como el chihuahua, el xoloitzcuintli y el calupoh, que a diferencia de estos, el perro caramelo no cuenta con un pedigrí ni estándares definidos por federaciones canófilas, ya que se trata de un reconocimiento simbólico que busca dignificar a los perros mestizos o criollos.
Para quienes conviven con ellos, el anuncio representa un acto de justicia, como lo afirma Augusto, dueño de “perla” y “gordo”, dos perros caramelo de 11 meses, quien considera que este reconocimiento visibiliza el valor de los mestizos.
“Qué bueno que los hayan nombrado así a ese tipo de perros, porque la mayoría los tenía como híbridos, como mestizos, no había un nombre específico, está bien, les da identidad”. dijo.
Augusto destacó que además de su carácter, los perros criollos suelen ser más resistentes a enfermedades, son más leales, cariñosos y se adaptan con mayor facilidad a distintos entornos, “son buenos niños”.
Además, dijo que adoptar un criollo también es un acto de responsabilidad, ya que se le da una segunda oportunidad a un lomito que sobrevivió en la calle.
En redes sociales, la noticia ha sido recibida con entusiasmo, donde usuarios comparten imágenes de sus “caramelos” celebrando su inclusión como símbolo canino nacional.
En el listado de la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México se incluye también el perro chihuahua, originario del estado del mismo nombre, es la raza más pequeña del mundo, conocida por su carácter valiente y su fuerte apego a sus dueños.
El xoloitzcuintli, de origen prehispánico, el cual es considerado en la cosmovisión mexica como guía espiritual hacia el inframundo y destaca por su elegancia y temperamento tranquilo.
Y el calupoh, también llamado “perro lobo mexicano”, una raza desarrollada en la década de 1990 mediante cruces con el lobo mexicano, reconocida por su porte imponente y carácter protector.
El reconocimiento del “perro caramelo” no sólo amplía el catálogo de símbolos caninos del país, sino que también invita a la sociedad a revalorar a los perros mestizos como parte del patrimonio cultural vivo de México.