La carrera por la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas ya tiene un dato dominante: tres latinoamericanos concentran la mayor atención en la disputa por el cargo más alto del organismo. Michelle Bachelet, Rafael Grossi y Rebeca Grynspan compiten junto con Macky Sall, en un proceso que combina exposición pública, cálculo diplomático y veto de las grandes potencias.
En Nueva York, las audiencias públicas de los días 21 y 22 de abril de 2026 marcaron la segunda ocasión en que los postulantes respondieron preguntas abiertas de los 193 Estados miembros y de organizaciones civiles. Esa instancia dio mayor visibilidad a una elección que, aun con más transparencia formal, sigue dependiendo de acuerdos reservados dentro del Consejo de Seguridad.
Quién define la elección y qué significa el derecho a veto
La Carta de las Naciones Unidas establece que la Asamblea General nombra al secretario general por recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, ese consejo funciona como el filtro decisivo porque cualquier aspirante puede quedar fuera si recibe el rechazo de uno de sus cinco miembros permanentes.
Esos cinco países con derecho a veto son Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia. Los otros diez integrantes del Consejo participan en las deliberaciones, pero no pueden bloquear una candidatura de la misma manera que las potencias permanentes.
Por esa razón, las audiencias públicas no determinan por sí solas quién ganará la elección. El tramo determinante llega después, cuando comienzan las consultas privadas y las votaciones informales que permiten medir apoyos, detectar objeciones y reducir la lista antes de la recomendación final.
Los candidatos que buscan suceder a António Guterres
Como expresidenta de Chile, Michelle Bachelet llega a la contienda con experiencia ejecutiva y perfil multilateral. Dirigió ONU Mujeres y después ocupó el cargo de alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, una trayectoria que la mantiene entre los nombres más visibles de la contienda.
Rafael Grossi, diplomático argentino, dirige desde 2019 el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Su perfil se apoya en la gestión de crisis vinculadas con seguridad nuclear y en su contacto frecuente con actores centrales del Consejo de Seguridad.
La economista costarricense Rebeca Grynspan encabeza la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Su experiencia combina funciones de gobierno, conducción de organismos multilaterales y negociaciones complejas, un perfil que suele ser leído como competitivo en procesos donde el consenso resulta decisivo.
Macky Sall, expresidente de Senegal, es el único aspirante no latinoamericano entre los cuatro nombres presentados hasta ahora. Su presencia mantiene abierta la competencia regional en una elección donde la rotación geográfica influye, aunque no impone un resultado automático.
Qué sigue en el proceso
El mandato de António Guterres termina el 31 de diciembre de 2026 y el próximo secretario general asumirá en enero de 2027. Antes de esa transición, el Consejo de Seguridad deberá acordar un nombre y enviarlo a la Asamblea General para su aprobación formal.